Documental: La Última Huella de Ricardo Kaid Dieterich: Un Viaje a las Entrañas de la Cordillera
Diario el Estratega de Linares/ Viernes 10 de abril del 2026/ Por Gustavo Bueno/Imágenes y video Ricardo Kaid Sepúlveda
Hay hombres que no pertenecen a la ciudad, sino al viento, a la roca y al silencio de los valles. En agosto de 2024, la comunidad despidió a Ricardo Kaid Dieterich, pero su espíritu nunca abandonó los paisajes que fueron la gran pasión de su vida. Antes de partir, dejó un encargo sagrado a los suyos: no buscarlo en un frío cementerio, sino en la inmensidad de la cordillera de Linares y Parral, recorriendo aquellas mismas rutas que durante años caminó con reverencia y amor por la naturaleza.

Este registro audiovisual de su último adiós, una travesía donde el dolor de la ausencia se transformó en un homenaje vivo, marcando la última huella de un hombre profundamente enraizado en la montaña.
La expedición, cargada de un profundo simbolismo, fue liderada por su hijo mayor, Ricardo Kaid Sepulveda, Acompañado de sus hermanos, su nieto y los amigos más entrañables de su padre, el grupo se adentró en el majestuoso Andes Central
El punto de partida no podía ser otro que el sector de Los Canelos, refugio histórico de los arrieros y hogar de la familia Gangas. Allí, donde la tradición cordillerana se mantiene intacta, ensillaron los caballos y comenzaron el ascenso. El sonido de los cascos sobre la tierra y el murmullo del bosque nativo fueron el telón de fondo de los primeros kilómetros de introspección y recuerdo.



A lomo de caballo, la comitiva fue desandando los senderos que Ricardo padre conocía de memoria. Cada hito en el paisaje era un fragmento de su historia.
- Laguna Achibueno: Las aguas cristalinas y prístinas reflejaron la inmensidad del legado de un hombre que encontraba la paz en la altura. Aquí, el silencio de la montaña ofreció el primer espacio para la reflexión de sus hijos y amigos.
- Sector Belmar: El avance continuó por las escarpadas rutas del valle, un territorio salvaje y hermoso que exige respeto, el mismo respeto que Ricardo siempre profesó por el entorno natural.
- La famosa «Z»: La naturaleza impuso su rigor al cruzar esta peligrosa y temida pasada. El vértigo y la dificultad del terreno sirvieron como un recordatorio de la templanza y el coraje que caracterizaban a Ricardo en sus años de explorador incansable. Superar este tramo fue, en sí mismo, un tributo a su resiliencia.

El destino final de esta peregrinación aguardaba en los límites de la provincia, en el Cajón de Ibáñez, sector La Balsa de Parral. Tras horas de cabalgata, de revivir anécdotas bajo el sol de la montaña y de sentir la presencia de quien los convocaba, el grupo llegó al punto de encuentro final.
Fue allí, en medio de la imponente geografía maulina, donde las emociones más profundas finalmente afloraron sin contención. Con el viento cordillerano como único testigo, sus hijos, su nieto y sus fieles amigos esparcieron las cenizas de Ricardo Kaid Dieterich. Cada partícula que se fundió con la tierra y el agua fue un acto de amor puro, el cumplimiento de una promesa inquebrantable.
No hubo adiós más digno. Ricardo regresó a su origen, a la tierra salvaje que amó con locura. Hoy, su memoria ya no es un recuerdo estático, sino que late en cada rincón de la montaña de Linares y Parral, convertida para siempre en parte del paisaje y en una leyenda susurrada por los arrieros al calor de una fogata.
Quien fue Ricardo Kaid Dieterich
Ricardo Eugenio Kaid Dietrich fue un destacado y muy querido voleibolista y entrenador chileno, profundamente vinculado a la ciudad de Linares.
Principalmente, es recordado por su importante contribución al deporte local en la Región del Maule
Su hijo mayor Ricardo Kaid Sepúlveda le dedico un video con la travesía y sus palabras señalaron
«Este último recorrido de mi papa, solo nos muestra que este andar aquí no se detiene, si no que trascenderá como un legado y una forma de ver y vivir la vida.
«Supo compartir e inspirar a muchos, se responsabilizó de familia, de amigos, de hijos y hasta amigos de ellos, es un lugar donde pudo ser padre y cuidador de todos en su máximo esplendor, transmitiendo desde la más pura simpleza enseñanzas que se atesoran y trascenderán su propia existencia terrenal, mostrándonos lugares que solo son para pocos, desafiándonos en nuestros propios miedos, haciendo correr nuestros límites y disfrutar de un simple mate a la orilla del fuego.»