Monica Campos y el legado ajicero de Palmilla que heredó de su Padre Gilberto

0

MONICA CAMPOS

Diario el Estratega de Linares/ Viernes 15 de noviembre del 2024/Por Gustavo Bueno/ Fondo de fomento de medios de comunicación gobierno regional del Maule

«PROYECTO AJICERAS DE PALMILLA PATRIMONIO INMATERIAL DEL MAULE»

A través de este proyecto queremos representar a todas y cada una de las ajiceras de la localidad de Palmilla, sabemos que son alrededor de 50 familias aproximadamente que producen y fabrican ají cacho de cabra ahumado en zaranda, por lo que este trabajo es un reconocimiento a cada mujer campesina, en especial a las de la región del Maule.

«La comunidad campesina de Palmilla, ubicada en la comuna de la región del Maule, por portar una antigua tradición ajicera, formada por una trama de conocimientos y practicas de cultivo, producción de semillas, procesamiento y usos del ají. Esta tradición se remonta en el tiempo, y su elemento distintivo es el ahumado de aji en zarandas, que es una técnica única y que fue creada por los propios campesinos de Palmilla, hace al menos 7 décadas.»

«La tradición campesina de ahumado de ají en zarandas tiene atributos patrimoniales tales como: es una practica sociocultural tradicional campesina trasmitida de generación en generación por vía familiar o laboral, que incluye todas las etapas productivas del cultivo y con un marcado sello identitario local y territorial de Palmilla; la practica trasmitida esta formada por un conjunto de saberes y uso; la tradición es original y fue creada y desarrollada hace generaciones por los mismos campesinos Palmillanos.

La tradición se manifiesta en una materialidad formada por estructuras arquitectónicas especialmente creadas para el proceso ahumado del ají, y que los propios cultores bautizaron como «Zarandas», los campesinos utilizan semillas del ají de variedades locales, como cacho de cabra, cultivadas y mantenidas por siglos por los agricultores del Chile central; La tradición es una expresión representativa de la historia y cultura campesina de la zona central del país, y forma parte del sistema de economía familiar, y basa sus sostenibilidad en la trasmisión cultural (herencia) y en interacción con el medio ambiente (territorio» fuente «Investigación de universidad católica del Maule sede Curico «Tradición campesina de ahumado de ají en zarandas de Palmilla «Patrimonio rural del Maule»

En la pequeña localidad de Palmilla, donde los valles se entrelazan con montañas y el aire lleva el aroma de la tierra fértil, Mónica Del Carmen Campos Gajardo guardaba el legado de su padre, Gilberto Campos. Desde muy pequeña, había sido testigo del amor y el esfuerzo que él ponía en cada cosecha de ají cacho de cabra negro, un fruto que no solo tenía un sabor distintivo, sino que también contaba la historia de su familia.

Don Gilberto era un hombre carismático, conocido en toda la región. Su risa resonaba en los rincones de la comunidad, y sus productos eran esperados con ansias. Mónica recordaba cómo, a la edad de diez años, lo acompañaba cada mañana en su bicicleta o en bus, hacia la ciudad de Linares. Juntos cargaban las matas de ají, los frascos de extractos y las bolsas de aji seco. Para Mónica, esos viajes eran más que simples entregas; eran lecciones de vida, donde su padre le enseñaba a respetar cada ingrediente y a valorar el trabajo duro que implicaba el cultivo.

El recuerdo de su madre, doña Yolanda, acompañaba a Mónica en esos días soleados. La calidez de su hogar siempre estaba presente, aunque ella y su esposo ya no estuvieran. Abrazando la nostalgia, Mónica se esforzaba por mantener viva la esencia familiar, compartiendo historias con sus tres hermanos y creando un entorno en el que sus propios hijos, Abigail y Jaime, pudieran apreciar su herencia.

Jaime Valladares, su esposo, era su compañero de aventuras. Juntos habían transformado el legado de don Gilberto en una empresa familiar, manteniendo el puesto de venta en la calle Maipú como el corazón de su negocio. La gente seguía acudiendo, atraída por el aroma del ají y el calor de una historia que continuaba viva. Mónica sentía que cada cliente que entraba no solo compraba ají, sino también recuerdos de su padre.

Cada visita a la Escuela de Artillería o alguna oficina pública en Linares se convertía en un ritual. Los oficiales y trabajadores no solo esperaban el producto: estaban ansiosos por escuchar anécdotas sobre don Gilberto, el hombre que había dejado huella en sus corazones. Mónica solía recordar las explicaciones de su padre sobre cómo preparar las distintas variedades de ají, su pasión por experimentar con sabores y su deseo de llevar la riqueza de su tierra a una audiencia más amplia.

Decidida a honrar la memoria de su padre, Mónica reunió a sus hermanos en el antiguo taller que alguna vez había pertenecido a don Gilberto. Allí, rodeados de herramientas y frascos vacíos, idearon un plan para rescatar su legado. Usando sus conocimientos, empezaron a cultivar variedades resistentes de ají y a diversificar su producción con hierbas aromáticas que complementarían sus productos estrella. Renovaron el puesto de venta, infundiéndolo con una frescura que atrajo la atención de nuevos clientes, deseosos de probar los sabores auténticos de Palmilla.

La comunidad, que siempre había respaldado a la familia Campos, se unió a su causa. A medida que las primeras cosechas comenzaron a dar frutos, Mónica se sintió fortalecida por el apoyo y la amistad que había cultivado a lo largo de los años. Las risas en el puesto de venta resonaban como eco de una vida llena de recuerdos, pero también como un canto a la esperanza y resiliencia.

Finalmente, llegó el día en que la familia tuvo que despedir a don gilberto, después de aquel fatal accidente en la carretera 5 sur. una gran afluencia de publico se congrego en la iglesia de Palmilla, ubicada en la calle principal de esta localidad para despedir a este gran hombre querido por toda la comunidad .. Mónica, con su esposo e hijos a su lado, se sintió como su padre en aquellos días pasados, compartiendo no solo ají pero también historias de amor, dedicación y perseverancia. La gente del pueblo acudió en masa, y Mónica vio reflejada en sus rostros la felicidad que don Gilberto siempre había querido transmitir.

Al final de la jornada, mientras el sol comenzaba a ocultarse tras las montañas, una sensación de paz llenó su corazón. Mónica miró a sus hijos correteando entre amigos, riendo y compartiendo, y supo que el legado de su padre no solo vivía en los sabores del ají, sino en cada rayo de luz que iluminaba su camino. Palmilla no solo era su hogar; era el refugio de historias que perduraban en el tiempo, donde el sabor del ají cacho de cabra negro era más que un simple condimento: era un símbolo de familia, amor y tradición.

Así, Mónica Del Carmen Campos Gajardo se convirtió en la heredera de un legado picante, y con cada día que pasaba, se aseguraba de que la huella de don Gilberto nunca desapareciera del corazón de su comunidad.

PUEDEN COMPRAR SUS PRODUCTOS EN CALLE MAIPU DE LINARES FRENTE A SUPERMERCADO UNIMARK

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *