Margot Loyola (1918-2015 » En su memoria en el día internacional de la mujer «

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Diario el Estratega/ Jueves 07 de marzo/ Publicado Por Gustavo Bueno/ Fuente Memoria Chilena

  • La difusión del folclor chileno fue para Margot Loyola un trabajo de múltiples vías de expresión al que dedicó su vida entera. En la búsqueda, difusión e interpretación de nuestras canciones y bailes típicos -tanto de modo solista como junto a los grupos Las Hermanas Loyola y Palomar-, legó a la cultura nacional una valiosa colección de discos, libros y videos que describen con espíritu didáctico el rico panorama de la música tradicional chilena. El trabajo en la enseñanza del folclor que realizó en la Universidad de Chile durante la década del cincuenta fue cuna de agrupaciones como Cuncumén y Millaray. Ritmos como la tonada, la cueca, la música pascuense y mapuche, refalosas, corridos y zamacuecas, tanto en canciones de su autoría, como de compositores clásicos o recopiladas por ella misma en terreno, componen el patrimonio que Margot Loyola se empeñó en rescatar y transmitir a lo largo de más de ochenta años.

Ya a los ocho años de edad, Margot Loyola Palacios -hija de un comerciante y de una dueña de casa de Linares- tomaba clases de piano en esa ciudad sureña y, un año más tarde, comenzaba a cantar. Su relación con la guitarra fue también temprana. Antes de terminar el Bachillerato, cuando la separación de sus padres la obligaba a moverse entre Santiago y Curacaví, destacaba en un dúo formado junto a su hermana Estela, Las Hermanas Loyola.

De a poco fue ganando fuerza en sus inquietudes la búsqueda de nuevas claves en la fuente misma del folclor chileno. Así, viajes a las localidades de Alhué, Pomaire y Colliguay la iniciaron en su veta de investigadora, labor trascendental que desarrolló casi sin interrupciones desde 1936. En casas de canto y fiestas de rodeo del Valle Central, caseríos del desierto nortino y en los parajes lejanos de Isla de Pascua, Margot Loyola penetró en el sentir auténtico y sin formalidades de nuestros más puros creadores. Su propia creación y entusiasmo se vieron transformados gracias a esos encuentros personales con cantoras y autores anónimos.

Inicialmente, se dedicó a la investigación en paralelo al trabajo con Las Hermanas Loyola, grupo cuya fama alcanzó la cumbre durante los años cuarenta, cuando el dúo se integró a la colección discográfica Aires tradicionales y folclóricos de Chile, coordinada por el investigador Carlos Isamitt. También durante esa década, un contacto del entonces rector de la Universidad de Chile, Juvenal Hernández, permitió a Loyola debutar como docente en las Escuelas de Temporada anuales. Su prestigio como maestra -validado por el nacimiento, a su alero, de conjuntos como Cuncumén y Millaray– fue relegando progresivamente su trabajo junto a Estela a un segundo plano, hasta su separación artística definitiva en 1950. Ya en forma independiente, la folclorista emprendió sus primeros viajes por Latinoamérica y Europa.

Su encuentro con el folclorista Osvaldo Cádiz la motivó a formar en el año 1962 el conjunto Palomar. Su labor se vio truncada por única vez con el golpe de Estado de 1973, poco después de editar Canciones del 900 (1972), disco en colaboración con Luis Advis. Recién en 1975 la folclorista pudo comenzar a retomar su antiguo ritmo de trabajo, encontrando en el programa televisivo «Chilenazo» un inesperado lugar de acogida que le permitió reanudar lo que había quedado interrumpido en «Recorriendo Chile», su primer espacio en Televisión Nacional. Su rostro se fue haciendo familiar para la teleaudiencia chilena y su nombre quedó inscrito para siempre como el de una figura mayor de nuestra música. Fue por eso completamente natural que Loyola recibiera en 1994 el Premio Nacional de Artes Musicales.

Desde 1972 se desempeñó como académica de la Universidad Católica de Valparaíso, donde impartió la cátedra de folclor y etnomúsica, hasta su muerte, el 3 de agosto de 2015.

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