Cliserio Reyes, el niño mexicano que voló a 12 mil pies montado a fuera de un avión
Diario el Estratega/ Sábado 18 de junio del 2022
Desde antes de cumplir los 17, el adolescente Cliserio Reyes se dormía imaginando las montañas, caminos, casas y gente desde las alturas, tal como ve el mundo un águila cuando planea con las alas bien extendidas. Seguramente su obsesión por volar llegó cuando, desde las tierras de cultivo de su padre, vio a los primeros aviones despegar desde el recién inaugurado Aeropuerto de Torreón.

Fue en octubre de 1950 cuando toda esa imaginación, la imaginación activa de prácticamente un niño todavía, le explotó manifestándose en una idea tremenda: volar por primera vez en su vida agarrado con sus manos al ala de uno de los aeroplanos que llegaban y se iban todos los días de aquella pista cercana a él, todo sin que el piloto, o adulto alguno, se dieran cuenta. Eligió bien la fecha para su osadísimo y mortífero proyecto: el 8 de aquel mes y aquel año.
El día que Cliserio Reyes se convirtió en «El Ícaro lagunero»
Llegado el día se adentró en la maleza hasta llegar a la reja que separaba los terrenos agrestes con la pista del Aeropuerto de Torreón, que por cierto llevaba apenas cuatro años de haber sido inaugurado, se metió por un pequeño recoveco de la reja, y ahí, aguardó horas hasta coincidieran el avión ideal, el minuto de distracción exacto de los pilotos y el momento en que esa parte del cerebro que nos detienen para acabar con nuestra existencia se le apagara

Aquellos tres factores se reunieron cuando, ya casi a la media noche, vio que se encendieron las hélices de un Douglas DC-3 en la pista 12, era su momento de suerte, porque por lo regular los despegues se hacían desde la pista 30. Pensó ‘ahora es cuando’ y de un salto llegó al plano de control derecho pegado al timón, conocido popularmente como la “cola del avión”.
Con el adolescente Cliserio Reyes agarrado con uñas y dientes de la parte trasera del bello avión fabricado en Estados Unidos, así como una veintena de diputados mexicanos federales en su interior, quienes se dirigían al DF, la aeronave propiedad de Líneas Aéreas Mineras S.A. (LAMSA), levantó vuelo pilotada por el mítico capitán mexicano Jorge Guzmán Lavat, quien no tenía muchos años de haber dejado la Real Fuerza Aérea Canadiense.
Las primeras señales de que algo iba mal en el avión

El viraje para el retorno lo hizo a la izquierda, lo que sería muy importante, pero eso lo explicaremos después.
El niño Cliserio agarrado con uñas y dientes al ala del avión
Una vez en tierra Jorge Guzmán Lavat bajó del avión, personal de LAMSA ya lo esperaba en la pista para ver qué es lo que había ocurrido. Todos con lámparas sordas en las manos empezaron a inspeccionar cada parte del DC-3, así encontraron al adolescente Clierio Reyes en la cola del avión, entumecido, aturdido, asustado, pero eso sí, bien agarrado. El viraje a la izquierda le había salvado la vida con la sola inercia, un milagro como quien dice.
¿Cliserio ayudado por Pedro Infante?
Un poco más consciente le dijeron que sería llevado a prisión porque LAMSA presentaría cargos, pero lo que quizá le daba más miedo era enfrentar a su padre, quien probablemente le tenía preparada una severa tunda por ponerse en riesgo de ese modo.
Después de esto las cosas que ocurrieron no son muy claras. Se dice que Pedro Infante, actor enamorado de pilotar aviones, se enteró del caso de Cliserio y le pagó un curso para convertirse en piloto, otros más dicen que quienes en verdad le ayudaron fueron los miembros de la comunidad aeronáutica de la Laguna.
