Villa Linares, el verdadero nombre de nuestra cuidad?
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Generalmente al revisar episodios de nuestra historia, ya sea regional o nacional, hay una tendencia al conservadurismo extremadamente peligroso. El mantener o respetar lo que dijo tal o cual autor – por prestigioso que sea – hace repetir falacias en forma reiterada, pero cuando se va a las fuentes documentales (digo documentales, no los libros) surgen verdades perturbadoras.
Durante mucho tiempo se sostuvo que el Abate Molina fundó el Liceo de Talca, llamado en un principio Instituto Literario. Se dio como fecha el 5 de junio de 1827. Por años concurrieron alumnos de ese plantel al templo de Villa Alegre, donde descansan los restos del sabio, para rendir homenaje a su presunto creador.
Esta supuesta verdad tomó fuerza a contar de 1927 cuando, al celebrarse el centenario del establecimiento, el Presidente Ibáñez del Campo, por consejo del Ministro del Interior Dr. José Santos Salas – ex alumno del liceo en referencia – hizo traer desde Santiago, la estatua del sacerdote jesuita para instalarla frente al colegio en la Alameda.
Pero un examen de la documentación depositada en el Fondo de Jesuitas y la Capitanía General del Archivo Nacional, dice otra cosa. Lo que el sabio encomendó al Obispo Cienfuegos fue crear una librería, o biblioteca en Talca. Incluso detalló los libros que se debían adquirir además de otros que él reunió con este fin. El prelado talquino no cumplió con este encargo y optó por un colegio. Tampoco es efectivo que el abate haya donado su fortuna para esto, ya que sólo decidió aportó mil pesos de la venta de la hacienda de Huaraculén, que Cienfuegos enajenó en nueve mil pesos mediante escritura extendida en la Notaría Pincheira de Linares en 1828. Pero el adquirente, Feliciano Encinas de Tapia Andia– bisabuelo de Francisco Antonio Encina y del Cardenal Silva Henríquez – nunca pagó las hipotecas y solo lo hicieron sus herederos en 1880 y el dinero no llegó al liceo sino que a las arcas del municipio talquino. Es más, el liceo no se fundó en 1827 sino que el 7 de noviembre de 1840 mediante escritura pública extendida por el Obispo Cienfuegos ante el Notario Ramón Ortiz de Talca, que tiene como título Fundación de un Instituto Literario en esta ciudad por el Señor Ilustrísimo Obispo de Concepción don José Ignacio Cienfuegos. En el 2012 publicamos un extenso y minucioso trabajo en el Boletín de la Academia Chilena de la Historia, donde aclaramos este confuso episodio, con el examen de todas las escrituras notariales referidas a ello. Al aprobarlo y editarlo el alto instituto académico dio por saldado y zanjado este tema en tanto no surjan documentos que desmientan el hecho. Se equivocaron Vicuña Mackenna, Januario Espinoza, Fontecilla Larraín, Hederra Concha y todos quienes repitieron este error. La Universidad de Talca restauró la estatua del jesuita frente al Liceo, pero omitió inscribir en su base la frase Fundador del Liceo de Talca y el profesorado del establecimiento – me lo dijeron – aceptó que era necesario asumir esta realidad. Ahora bien, todo este proceso ocurrió en la jurisdicción de Linares, que era donde se ubica la hacienda de Huaraculén.

Algo parecido sucede con la Historia de Linares, en la cual trabajamos. Se dice que el nombre dado por don Ambrosio O’Higgins a la naciente población fue Villa de San Ambrosio de Linares (Juan Mujica, Historia de Linares, página 127) y que doña Ángela Vásquez donó generosamente las tierras para establecerla (Juan Mujica. Historia de Linares, página 137). No es así: en el archivo de la Capitanía General, volumen 686 – que cualquier ciudadano que cumpla con las exigencias del Archivo Nacional puede examinarlo e incluso digitalizarlo – está el expediente de fundación, las notas cambiadas entre los pobladores y las autoridades, y, lo que es aún más fundamental, está el original del acta de fundación de la villa redactada en primera persona, por O’Higgins. Doña Ángela se negó a ceder las tierras en tanto no le fueran pagadas o retribuidas con otras. Martínez de Rozas, con poca paciencia y quien actúa en calidad de Teniente Letrado Visitador, es quien debe persuadir a doña Ángela para acceder, pero si así no fuese llegaría el caso en que se le compelería por fuerza ( fojas 18) y yendo aún más lejos en sus juicios, Martínez de Rozas dice que le negativa y los argumentos de la dueña son despreciables y propios de su edad decrépita (fojas 18) y recomienda, sin mayor miramientos tomar el terreno necesario aunque lo repugne como para estos casos lo permite el derecho y compensarlo con otro de igual calidad.(fojas 18v).
Al final doña Ángela – cuya casa patronal era la actual Casa o Colegio Cuéllar, toda vez que una de sus hijas, Rafaela Ibáñez Barros casó con Juan Enrique Cuéllar y fue heredera de este antiguo inmueble, – acepta con la oferta oficial de recibir mil cuadras en el sector de Huerta de Maule. Murió sin ver cumplida la promesa. En 1822 los tribunales de Concepción ordenaron pagar a los herederos el costo de los terrenos.
Ahora bien, la fundación de Linares no fue iniciativa de las autoridades del momento sino que, conforme lo disponía la Junta de Poblaciones en una resolución de 1755, para establecer una villa debían pedirlo un mínimo de diez hombres casados, y a la vez, indicar el lugar dónde se establecería. Los requirentes (que Ferrada Ibáñez fija en alrededor de 90, pero que en el listado del archivo de la Capitanía son más de 121, con varios anotados y luego borrados) dan a la futura villa el nombre de San Ambrosio de Vallenar, sin duda que para halagar al Gobernador y apurar la causa. Pero este nombre nunca estuvo consignado en algún documento resolutivo.
Ambrosio O’Higgins demoró cinco años en revisar la petición. Sólo volvió sobre el expediente en 1794 y el 23 de mayo redactó el acta de fundación, a la que llamó simplemente Villa de Linares (sin el De San Ambrosio) para reconocer, según dice, la gestión de Francisco de la Mata Linares, a la vez que ordena al Intendente – o a quien él disponga – constituirse en la nueva población en la primavera siguiente.
Martínez de Rozas cumple con esta disposición y el 21 de diciembre de 1794 (no el 7 de diciembre, fiesta de San Ambrosio como dije Mujica, página 141) se trazan los solares, partiendo en ángulo recto desde la casa de doña Ángela Vásquez hacia el oriente y el norte, lo cual se advierte claramente en un plano de 1838 – cuarenta y cinco años después de fundado Linares – y permanecía así aún en otro mapa de 1922.